Esquizofrenia, Capítulo 3.



Conociéndote.


De fondo, la suave melodía invadía la pequeña estancia y llenaba el aire con una fragancia dulce, pasible. Ella escuchaba atenta, sus ojos sorprendidos perseguían el movimiento de los diez dedos que se deslizaban grácilmente sobre las teclas del piano hasta que finalmente se fijaron en el joven que, minutos antes, la había invitado a sentarse a su lado y ahora, tras dejar de interpretar la delicada nota, tomaba sus manos entre las suyas.
 —Toca una vez más – pidió Violeta.
—¿Otra vez?
—¿Te molesta?
—No. Tocar me recuerda a ti. Te lo he dicho,  ¿no?
Asintió, sonriente. Le alegraba saber que Genaro pensara en ella de vez en cuando. Le alegraba, pues, ella pensaba en él casi todo el tiempo.
—Te tengo una sorpresa – anunció Genaro, entregándole un sobre.
—¿Una sorpresa?
—Ábrelo.
Lo hizo y desplegó la hoja que venía dentro. Leyó con atención cada una de las líneas, esbozando poco a poco una extensa sonrisa conforme iba entendiendo que se trataba de un permiso para salir del sanatorio por un día.
—Genaro…
—Dime qué quieres hacer
—Me gustaría escucharte tocar el piano.
No había cosa alguna que le gustará más, aparte de su compañía.
—Vamos a mi casa, entonces.
—¿A tu casa?
—No pienso permitir que te quedes aquí cuando tenemos la oportunidad de salir – se puso de pie y la jaló suavemente para que hiciera lo mismo – Vamos. Hay una sorpresa en tu habitación.
—¿Otra? – se extrañó – ¿A poco hoy es mi cumpleaños?
—No lo sé – rió él – Pero, si quieres que así sea, así será también.
Genaro esperó en la pequeña sala donde la había visto por primera vez,  desplegando aquellos recuerdos con lentitud, mientras Violeta contemplaba con una sonrisa pequeña la blusa tendida sobre las sábanas de su cama. Era un modelo sencillo color beige, de mangas largas y textura suave y fresca. No se preocupó en combinarla, sólo se limitó a ponérsela con un entusiasmo infantil, olvidándose totalmente del resto. Lo único que quería era que Genaro la viera, no deteniéndose a pensar si le sentaba bien o no el corte.
—¡Mira! – llegó corriendo hacia él, descalza, con el cabello muy alborotado y los holgados pantalones blancos de la clínica – ¡Estoy lista!
Y Genaro se echó a reír un buen rato, encantado, mientras ella le acompañaba, aunque no sabía el porqué de tan buen humor. Ella reía porque él reía, una reacción tan simple y espontánea como lo era el respirar.
—Ponte unos zapatos o te lastimarás los pies en cuanto salgamos – recomendó él, apenas y con aliento.
Violeta obedeció y al regresar ya traía puestos un par de tenis y había cambiado los pantalones blancos por unos pants, igual de holgados, pero color azul. Con el cabello no se podía hacer nada, iba tan enredado que los pájaros bien hubiera podido formar un nido en él sin mucho esfuerzo. En pocas palabras: la chica iba hecha un desastre, pero no importaba. Ella no sabía lo mal que se veía y la mirada de Genaro brillaba de ese modo que la hacía sentirse especial…
Dio un paso para salir de la clínica con firme decisión, pero al estar fuera y ver todo lo que le rodeaba, carros, edificios y casas, comenzó a titubear. De no ser por la mano de Genaro apretándose a la suya, hubiera dado media vuelta y regresado a su permanente encierro.
—Tengo miedo –confesó.
—No lo hagas. Yo estoy contigo y no te soltaré…
Y haciendo esa promesa la comenzó a guiar lentamente por las calles, sin soltarla en ningún momento como había prometido. Para Violeta, ver toda esa gente, todos esos puestos de golosinas y accesorios era una experiencia nueva. Esa simpleza, que se ausentaba en sus alucinaciones, hacían de todas ellas un escenario magnifico y real, convirtiendo las horas de caminata en minutos.
—Esta es mi casa – señaló Genaro – Ven, pasa.
Y Violeta aceptó la invitación, contemplando la elegante estructura con inocente curiosidad y quitándose los tenis en cuanto se percató del pulcro alfombrado.
—¿Qué haces? – preguntó él, divertido
—No quiero ensuciar.
—No es necesario que te preocupes por eso.
—¿Puedo hacerlo aún así? – pidió – Me gusta cómo se siente
—Claro – aceptó él, haciendo lo mismo y jalándola directo a la sala de piano.
—¿Y tus padres?
—Creo que no están.
—Es hermoso – se asombró Violeta al contemplar el piano de cola que se hallaba en el centro.
Genaro la condujo hasta él y, con modales de un caballero del siglo XIX, jaló la butaca, se inclinó un poco y, haciendo un gesto ridículamente elegante con la mano, dijo:
—Siéntense, madame.
Violeta obedeció, riendo. Después él se acomodó a su lado y, sin decir más, comenzó a pasear sus dedos por lo largo de las blancas teclas de marfil, produciendo un sonido suave y lento, que poco a poco se fue llenando de sentimiento. Violeta sintió que su alma era invadida por aquella ternura destilada; la sintió cantar en algún rincón secreto, sólo para ella, muy bajito y dulce, como si la estuviera arrullando.
—Esta es la melodía que te conté cuando te conocí – dijo Genaro al terminar de tocar – Love Remembered, de Philip Wesley.
—Es… - Violeta no hallaba las palabras para describirla – Gracias.
Él tomó sus manos con un poco de fuerza, enredado sus dedos entre los suyos y mirándola fijamente a los ojos. Su rostro había cambiado, se mostraba ahora un poco angustiado, pero para Violeta era algo natural. Estaba segura que ella tenía más o menos la misma expresión de miedo. Miedo de pensar, aunque fuera por un segundo, que el estar juntos era una mentira, que esa habitación, el piano y él desaparecerían en cualquier momento. La presión de la mano de Genaro duró otro par de minutos, después se fue relajando poco a poco. Violeta no podría decir en qué momento sus frentes se habían unido para quedar tan cerca, que podía sentir claramente la respiración de Genaro chocar contra la suya. De lo único que era consciente es que esa cercanía le provocaba algo… algo que, pese a que le revolvía el estómago, le gustaba.
—Violeta… – susurró Genaro, haciéndola estremecer, pues nadie antes había dicho su nombre con tanta calidez – Te quiero…
Lo miró a los ojos. En ellos ya no había miedo ni preocupación, en ellos había sinceridad. Ella permaneció en silencio, al no saber qué decir ni cómo interpretar ese “te quiero”. No recordaba que muchas personas se lo hubieran dicho antes. Solamente sus padres y su abuelita, pero Genaro no era parte de su familia, aunque lo consideraba como alguien muy importante. Además, ese “te quiero” era diferente; diferente y muy parecido al “te quiero” que ella, de  no ser por su confusión, le diría a él.
Pensando en eso estaba Violeta, cuando Genaro acomodó una mano sobre su cuello y comenzó a acercarse, culminando la poca distancia que quedaba entre ambos y rozando sus temblorosos y resecos labios con tranquilidad, mientras ella respondía ese gesto con el cerrar de sus ojos y el relajamiento de su boca, disfrutando de ese beso que Genaro le daba, lento, tierno y delicado…
—Feliz cumpleaños – susurró él, sin apartarse mucho, sólo lo necesario para que pudieran recobrar la respiración…



Genaro la encontró quieta, con la punta de sus dedos presionando sus labios y los ojos cerrados. Sus mejillas estaba sonrojadas y su cuerpo temblaba un poco. Parecía recordar algo muy agradable, pues luego, sin dejar aquella postura, sonrió un poco, como que apenada, pero feliz. Esperó sin interrumpir, pues su imagen le resultaba gloriosa de la manera más extraña, como si la estuviera compartiendo de alguna forma. Con cuidado, tomó asiento frente a ella, contemplando aquella maraña color azabache que el viento revolvía a su gusto y el rostro moreno, un poco pálido y con ojeras, curiosamente familiar.
—¿Quién eres? – preguntó sin poderse contener. La muchacha abrió los ojos y le sonrió, como si su presencia allí no le sorprendiera.
—Genaro – volvió a llamarlo por su nombre con esa familiaridad que una parte de él creía recordar, pero se mostraba muy borrosa y distante – Gracias.
¿Gracias? ¿Por qué? ¿De qué? Frunció el seño, confundido. 
—¿Nos conocemos?
—Toca otra vez – pidió ella, como si no lo escuchara - Por favor.
—¿Qué toque? ¿Qué cosa?
—¡El piano, tonto!
—¿El piano…?
—¡Sí! – se levantó y corrió a una banca cercana – ¡Ven! – lo llamó desde ahí y, a pesar de que Genaro sabía que la chica estaba actuando como una loca, aceptó.
—Amable caballero, ¿acaso no me invitará a tomar asiento? – inquirió Violeta con teatral elegancia, arrancándole una sonrisa.
—Claro – siguió Genaro aquel juego con una naturalidad que le sorprendió – Permítame ayudarla, madame.
Pero Violeta, aunque ni ella misma pareció percatarse de ello, esquivó su mano y tomó asiento.
—Es un piano hermoso.
—Tengo uno mejor – dijo él, con voz baja, como quien dice un secreto
—¿En serio?
—Cierra los ojos y te llevaré hasta él – prometió. Violeta lo hizo y él volvió a sonreír por su ingenuidad. Luego tomó una de sus manos con cuidado, temeroso de que ella lo rechazara como lo había hecho segundos antes, comprobando al momento que aquel tacto frío le resultaba, como muchas cosas referentes a esa niñita, conocido.
La llevó a la sala de piano de la clínica psiquiátrica, en la misma que la había visto ayer, y la ayudó a sentarse a su lado.
—Ya puedes abrir los ojos – indicó, soltando sus manos para acomodarla sobre las teclas del piano – ¿Qué quieres que toque?
—Love Remembered – contestó Violeta y él se sorprendió.
Esa melodía era especial. Por alguna razón siempre la mantenía presente en su mente y no había noche alguna en la que no la tocara antes de ir a dormir… pues con ella siempre soñaba estar sentado al lado de alguien en una agradable y fresca habitación…
Una agradable y fresca habitación... Alguien especial junto a él…Cuando terminó de tocar, Genaro fijó su mirada en la pequeña muchacha que se hallaba a su lado. Y entonces comprendió que su silueta era muy parecida a la de persona que le acompañaba en sus sueños.
—¿Quién eres tú? – preguntó por segunda vez, más por necesidad de saber que por curiosidad.
Y ella, mirándole a los ojos, contemplando en ellos aquella angustia y aquel miedo que, alguna vez, llegó a apreciar en un pasado, respondió:
—Soy Violeta…
—Violeta – repitió él, esforzándose por aclarar los obscuros recuerdos – Parece que sabes mucho de mí… ¿Por qué?
—Yo…
—¡Genaro! – estalló una voz, interrumpiéndolos…

Feliz Año.



Un poco tarde, pero aquí estoy.

La verdad es que, como ya he dicho antes, soy poca para las palabras de afecto y esas cosas, así que me limitaré a agradecerles todo el apoyo que me dan al leer mis historias y comentar en este intento de blog xD.
Gracias por sus saludos y por todo. En realidad me alegra que estas ideas que a veces se me pintan absurdas y vergonzosas, les gusten. 

Aprovecho para disculparme. Muchas me han preguntado porqué no pueden leer cierta información de algunos fanfics que les ha llamado la atención, eso es porque no he subido las entradas xD. Lo estoy haciendo poco a poco, conforme mi tiempo me lo permite, así que les pido paciencia. 

Un saludo enorme y buen año. Hasta pronto


3/1/11
Posted by AnjuDark

De la Calle. Spoiler Cap 16


—Son unos críos – dijo Rose, apareciendo tras de ella, mirando solamente a Emmett, quien acababa de montarse sobre Edward, provocando que éste casi cayera al suelo por el inesperado peso. Después se fijó en Jasper y sonrió al verlo sujetando la mano de Alice momentos antes de irse – Parece que Forks es el pueblo del amor.
—¿Amor?
—¿Me dirás que no?
—No lo había visto de esa manera.
—Tú y El Gato parecen muy unidos. ¿Acaso no lo amas?

..

—¡James! – reconoció Bella, mientras forcejeaba con la esposa de manos que se había pegado a sus brazos.
—Será más fácil si cooperan – recomendó él –Súbanse a la camioneta.
—Vete a la mierda –siseó con furia entrañable. Su mirada frenética incomodó a James, lo hizo sentir como el más pobre de los cobardes, un poco hombre y lastimó su orgullo a tal grado que James sintió la necesidad de detener aquella agresión. Despuntó su revólver, la amenazó y esperó un par de segundos a notar alguna expresión de miedo, pero la barbilla de Bella seguía en alto y de sus ojos continuaban segregando aquellos insultos, aquellas verdades…

..

—Báñenlas, curen sus heridas y vístanlas – ordenó el señor – El doctor vendrá en unos minutos para hacerles los estudios necesarios. En caso de que no haya problema alguno, las quiero listas para cuando los clientes comiencen a llegar.
—¿Y nosotros qué? – preguntó Cayo –¿Acaso no merecemos disfrutar la primicia de nuestra nueva mercancía?
—Toma a la que gustes – concedió Aro – pero sólo a una.
—Prepárenme a ella –señaló a Alice, sin vacilar.



2/1/11
Posted by AnjuDark

Apoyo



Hola a todos.

Hace varias semanas recibí un correo de una chica llamada Erika (Aprovecho para pedirle nuevamente disculpas por la demora) . Ella pedía mi apoyo para un proyecto  sobre comercializar libros de autores nuevos independientes. Dicho proyecto consiste en llevar a cabo la publicación de las historias de nuevos escritores. E incluso pasar a historias originales los fanfics que se encuentran en los distintos fandoms.

Para apoyar sólo bastaría con contestar las siguientes preguntas, dependiendo de lo que eres, si lector o autor:


Contesta las siguientes preguntas; especifica la encuesta que contestaste, coloca el número de la pregunta y enseguida la respuesta.

TRATEN DE CONTESTAR LO MÁS DETALLADAMENTE POSIBLE EN CUANTO A NOMBRES DE BLOGS, FOROS, PÁGINAS Y AUTORES.
Tema: FANFICS
Responde la encuesta en la que te identifiques.

LECTORES

1. Edad.
2. Sexo
3. Lugar de Residencia
4. ¿Lees Fanfics?
5. ¿En qué páginas lees fanfics?
6. ¿A qué autoras/es lees? (especifica la pág web, blog o foro en donde está dich@ autor/a)
7. ¿Si dich@ autor/a publicara un libro, lo comprarías?
8. ¿Cuánto estarías dispuest@ a pagar por ese libro?

AUTORES

1. Edad
2. Sexo
3. Lugar de Residencia
4. ¿En qué página(s) publicas tus fanfics?
5. ¿Tienes historias propias/originales?
6. ¿Te gustaría publicar un libro con tu(s) historia(s)?
7. ¿Te gustaría comercializar (vender/dar a conocer) tu(s) libro(s)?

Para responder las preguntas, basta con copiarlas, pegarlas y contestarlas en esta entrada para que Erika tenga manejo de ellas con más facilidad. 

Gracias por su apoyo. 

atte

Anju


26/12/10
Posted by AnjuDark

El Rey León y la Oveja Negra Spoiler Cap 15




—Entonces ya no llores más. Deja de sufrir por alguien que sabes no es para ti.

Se volvieron a mirar a los ojos, esta vez un poco más rápido, un poco más intenso. Luego Edward se fue, sin esperar una respuesta, dejándola un momento confundida, con un vago  cosquilleo en las mejillas y en el estómago, incluso también en los pies…


*******************************************

Tocaron a la puerta. Ambos respingaron. Jasper se decidió a abrir y, cuando lo hizo, su expresión cambió por completo al contemplar a la mujer de piel morena que se hallaba de pie frente a él.


—María…

******************************************

—¡¿Crees que fui yo quien lo hizo?!
—¡¿Pues quién más?! ¿Harry Potter?
—Maldita rubia desabrida… ¡Pensad primero antes de atacar a las personas! ¿No te parece ilógico que yo también esté de esta forma? 


Lee Capítulo completo: AQUÍ-
14/12/10
Posted by AnjuDark

Te Amo Aún Después de la Muerte


Cuando crees que has perdido para siempre a quien es tu amigo y a quien amas, parece que no queda nada más que la soledad. Bella lleva un año soportando el dolor que la muerte de su novio dejó. Sumida en un pozo de desesperación, cree que no habrá salida alguna, hasta que un joven de ojos dorados aparece y le salva la vida. Bella cree que ese muchacho es realmente parecido a Edward, y hace todo lo posible por volverlo a ver.

"No sé si es de día o de noche. No había ido a la escuela. No me importaba nada en realidad. Tal vez ni si quiera había tenido clases. No estaba muy segura si era sábado, domingo, lunes o martes. De lo único que estaba consiente era de que hoy se cumplía un año de estar sumergida en este pozo sin luz ni fondo. En esta taberna fría que me helaba los huesos y me congelaba la sangre. Un año sin él, sin su risa, sin sus manos acariciando mis sonrojadas mejillas, sin sus labios rozando mis labios, sin su voz diciendo "Tonta Bella". Un año en el que su familia y él se habían ido para ya no regresar"


Género: Romance/Drama/Vampiros/Fantasía

Número de Capítulos: 18

Los puedes leer: AQUÍ



12/12/10
Posted by AnjuDark

Pacto con el Diablo





Basado en el anime Kuroshitsuji. Bella es una noble que perdió a sus padres desde pequeña y para cobrar venganza invoca y crea un pacto con un demonio, al cual llama Edward. Edward es desde entonces un fiel mayordomo-demonio a la espera de que el contrato sea cumplido para así devorar el alma de Isabella...

Género: Drama/Fantasía/Romance

Número de Capítulos: 1

Lo puedes leer: AQUÍ

Ghotika (sinopsis)


Bella y Alice son dos adolescentes con una extraña tendencia hacia lo "obscuro". Cierto día, un par de desconocidos de ojos dorados y negras gabardinas llegan a su escuela, desencadenando una serie de sucesos en las que ellas se verán involucradas.

Género: Romance/Drama/Vampiros

Capítulos: 34

Lo puedes leer: AQUÍ

Ezquisofrenia capítulo 2



Confusión.

—Así que no compones. Sólo tocas. – dijo Violeta.

—Soy malo para eso –admitió Genaro

—No es algo sencillo.

—Para algunas personas parece que sí – apuntó – ¿Y tú? ¿Escribes?

—¿Cómo lo sabes? –se sobresaltó ella. Genaro se limitó a señalar el cuadernito que yacía sobre su regazo – Qué perceptivo...

—¿Puedo? – solicitó. Violeta lo dudó por un segundo, pero al final se negó. El rubor contrastando con su piel morena lo cautivó. Su mano pareció cobrar vida propia, pues cuando menos lo esperaron ambos, éstas ya se encontraba paseando la punta de los dedos por el terciopelo de sus mejillas. Violeta sintió algo raro en el estómago. Algo nuevo e inquietante, pero agradable.

—Lo siento – la cálida caricia se fue así como había llegado – Has de pensar que soy un degenerado. Pero…

—¡Qué absurdo! – Violeta soltó una risita. 

—¿Absurdo?

—Sí – rió un poco más y luego fue ella quien buscó la mano de él – No me molesta que me toques. Eso también me ayuda. No me gustaría despertar un día de estos y enterarme de que eres un “amigo imaginario”. Así que no me sueltes.

Genaro contempló fijamente aquellos grandes ojos de color verde. A sus diecinueve años, no había visto nada parecido. Eran hermosos. Violeta era hermosa, al menos para él. Cualquier otro hubiera podido decir que era demasiado pequeña y flacucha y que sus cabellos siempre desordenados le daban un aspecto sombrío. Que sus labios resecos y pálidos no antojaban para nada un beso y que el color de su mirada perdía cualquier atractivo gracias a las ojeras y el aire desorientado que le adornaban. Pero para Genaro toda esa disparatada combinación le resultaba encantadora. Le gustaba esa forma tan suya de caminar y ese semblante distraído que siempre se reflejaba en su rostro y movimientos. Le gustaba platicar con ella y verla sonreír. Le gustaba lo apacible de su voz y ver cómo el viento enmarañaba aún más su pelo. Pero sobre todo, le gustaba su compañía, esa misma que les permitía estar hora tras horas juntos, sin poder decir ni una sola palabra, y aún sentirse plenamente cómodos…

—¡Genaro!

—¿Qué sucede? – Dio un respingo al contestar.

—Tengo minutos hablándote – dijo la voz al otro lado de la puerta de su habitación. Era su madre – ¿Estás bien?

—Sí – respondió, aún confundido – Me quedé dormido. Lo siento.

—La cena ya está lista.

—En seguida bajo.

Escuchó los pasos de su madre alejarse y luego se dejó caer de espaldas. Miró el techo con detenimiento y tragó saliva. El aturdimiento seguía latente en sí. Aquellas imágenes habían sido tan nítidas, casi tangibles, como las ilusiones que alguna vez llegó a vislumbrar. Pero esta vez no habían sido ilusiones. Su madre le habría escuchado hablar solo en caso de ser así. Había sido un sueño, un sueño que amenazaba con ser real y desaparecer. Ya casi no recordaba nada de él, más que esa chica… esa chica había estado presente.

<<Seguramente fue por la impresión de esta tarde>> se obligó a creer, mientras evocaba el par de esmeraldas  que le habían mirado con aquella extraña mezcla entre el azoro, el reconocimiento y la locura. Luego se estregó la cara con ambas manos y se levantó.

Vio a Andrea desde las escaleras. Ella le dedicó una sonrisa maternal al verlo.

—¿Y papá? – inquirió mientras jalaba la silla y tomaba asiento frente al tazón humeante.

—Dijo que llegaría tarde y que no lo esperáramos para comer.

—Su nuevo puesto lo mantiene muy ocupado –cogió la cuchara y sorbió un poco de sopa.

—Él está muy contento. Trabajó muy duro para  ser subgerente de la empresa.

—Lo sé.

—Y hablando de eso – recordó Andrea – ¿Fuiste a investigar sobre las escuelas que hay en esta ciudad?

—No – admitió, con un gesto de disculpa – Tenía mucho que no hablaba con el Tío Carlos, así que no me percaté de la hora hasta que fue ya muy tarde. Mañana iré a investigar. Así también aprovecho para conocer un poco más los alrededores.

—Me imagino que estuviste toda la mañana en casa de tu tío.

—No – aclaró – Él tenía una cita en el centro clínico en el que trabaja, así que lo acompañé.

—Genaro – la voz y el rostro de Andrea cambiaron al instante – Sabes que no me gusta que vayas a esos lugares.

—No tiene nada de malo, mamá – debatió él, suavemente.

Andrea la miró con dureza, pero ya no discutió más. Se limitó a comer con la actitud silenciosa y desaprobatoria que siempre optaba ante ese tema. Genaro hizo lo mismo, sin prestar mucha atención al mal humor de su madre pues no podía arrancarse de la cabeza a esa muchachita de rostro canela y desgreñado cabello. Sonrío un poco ante el recuerdo difuso de su imagen y suspiró hondamente al estar de regreso a su cuarto. Frunció el ceño y se preguntó una vez más si aquella jovencita era real.

Entonces se convenció de que había sólo una manera de averiguarlo.

..

—No esperaba verte por aquí – lo recibió el tío Carlos, un doctor joven y de carácter alegre y amable, invitándolo a pasar a su consultorio.

Genaro le estrechó fuertemente la mano, después tomó asiento frente al elegante escritorio y echó un rápido vistazo al lugar. 

—Necesitaba hablar contigo.

—Tú dirás.

—Ayer que vine, creo que conocí a una muchacha.

Crees.

—Sí –confirmó. Hizo una pausa antes de continuar – Creo. Eso me preocupa.

—Genaro, tranquilo. Tu enfermedad ya está controlada, pero si tú mismo te sugestionas…

—Lo sé –admitió – Pero esa muchachita era… rara. No la conozco, pero ella dijo mi nombre. Y después desapareció.

—¿Desapareció? ¿Así, nada más?

—Se la llevaron unos enfermeros.

El doctor Carlos recargó la espalda en su confortable sillón de piel y meditó por un par de segundos.

—¿Recuerdas cómo era esa muchacha?

—Tenía ojos color verde.

—Hay muchas pacientes aquí con esa descripción. ¿Podrías ser más específico?

—Yo… – frunció el ceño – Su imagen es un poco difusa. Tengo mala memoria. Pero… me dijo su nombre –recordó vagamente – Vio… Violeta.  Se llamaba Violeta.

—Eso es mejor – dijo Carlos y comenzó a teclear en su computadora – Hay dos pacientes con ese nombre.

Genaro se inclinó para mirar la información habida en la pantalla e inmediatamente se fijó en la fotografía de una jovencita de piel morena y cabello negro.

—Es ella –señaló.

—Vaya, vaya – sonrió Carlos –Creo que, más que haber visto una ilusión, mi sobrino ha sido producto de, ¿cómo le dicen?, un “amor a primera vista”.

—¿Quién es? –pidió saber –  ¿La conoces?

—Una amiga me ha platicado de ella – respondió Carlos –La internaron aquí hace más de medio año. Sufre de esquizofrenia.

—Ya veo… - murmuró. Nadie mejor que él comprendía lo horrible que era padecer esa enfermedad – ¿Tú crees que pueda hablar con ella?

—¿Hablar? – se sorprendió su tío – ¿Sobre qué?

—Quiero saber cómo es que supo mi nombre.

—Pudo haberlo escuchado por allí. O tratarse de una simple coincidencia…

—Aún así. Me gustaría que ella me lo dijera.

—Tendría que preguntarle a mi colega – titubeó Carlos - Genaro, ¿Porqué tanto interés?

—No lo sé...

..

—Sé que quizás te suene extraño, pero, me da gusto que quieras acercártele – decía Graciela mientras lo conducía por el extenso jardín – Violeta siempre está sola. En un principio nos vimos en la necesidad de mantenerla encerrada porque tenía constantes arranques de violencia. Ayer justamente decidimos vigilar su comportamiento al interactuar con más personas pero lo único que hemos notado es que prefiere estar sola.

— ¿Su familia no la visita?

—No puedo darte ese tipo de información. Allí está –frenaron y él la buscó de inmediato.

La encontró allí, aún a varios metros de distancia, sentada bajo la sombra de un árbol, con la mirada perdida en algún pensamiento incógnito. Sin planearlo, Genaro dio un paso al frente. Graciela le detuvo.

—Contéstame una cosa – pidió la doctora – ¿Por qué has venido a verla?

—Mi tío Carlos me preguntó más o menos lo mismo –contestó – Siendo honesto, ni yo mismo lo sé. Al principio sólo quería asegurarme que no estaba recayendo y viendo cosas que no existen. Tampoco sé porqué ella me causó esa impresión. Lo único que tengo claro es que quiero conocerla. No sé porqué, no sé para qué. Sólo sé que tengo que hacerlo…

—Bien – Graciela lo Soltó – Ve con cuidado.

—Gracias –sonrió Genaro y caminó lentamente hacia donde Violeta estaba...




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Saludos :)

Anyo~
Gracias por pasar por aquí.
Sé que no aporta nada productivo, pero igual espero
te diviertas un poco y te familiarices más con las historias.
Gracias.

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